8 de 30 (2021) - Octaviano

A Octaviano le encantaba leer. Siempre lo encontrabas con una edición de Selecciones, los coleccionables de historia universal de la revista Gente, o algún periódico de quién sabe qué fechas. Cualquier escrito que pudiera ser leído, Octaviano lo tenía.

Tenía unos ojos reilones, medio chinos, y solía soltar una carcajada cada vez que veía a sus nietas llegar a visitar su casa. "Chinitas, ya están por aquí, tráiganme agüita", decía. Sus nietas le traían una taza de agua y él continuaba leyendo, a veces bajo el sol de la sierra, que quema pero no deja que el frío se ausente.

A la hora del desayuno, "la vieja", como él llamaba a Isabel, le decía: "Viejo, no te eches demasiado azúcar, hoy también hay café". Parecía que Octaviano hacía caso omiso de cada una de las palabras de su esposa, porque le encantaba tomar el café recién hecho y cargado de azúcar. Si las nietas presenciaban la escena de reclamos de la abuela hacia el abuelo, solo atinaban a cubrir sus risitas y seguir comiendo las cachangas hechas en el tiesto de barro que la abuela servía con mucho orgullo, mientras Octaviano soltaba una carcajada con cada sorbo de café y un mordisco de cachanga.

Después de ese desayuno, Octaviano bajaba al patio, tendía una alfombra y se sentaba nuevamente a leer. Cuando el sol le quemaba demasiado durante la mañana, se retiraba a la huerta y continuaba su lectura en la sombrita. La vieja se asomaba de vez en cuando para verificar que aún estuviera presente y consciente.

Los últimos años de su vida no cambiaron mucho, excepto que Octaviano dejó de tomar café y ahora se quedaba dormido en la huerta. La vieja, ahora aún más vieja, a menudo se olvidaba de asomarse a la huerta para ver si Octaviano no se había dormido. A las 6 p. m., Octaviano ya estaba recostado en la cama esperando que el sueño lo visitara, pero un día la vieja fue en búsqueda de su hijo porque no lo encontraba. Lo buscaron en todos los lugares, excepto en la huerta. Cerca de las 9 p. m., su hijo entró a la huerta y ahí estaba Octaviano, vencido por el sueño con su revista Selecciones, en la sección de curiosidades. En ese momento, la vieja solo dijo: "Diosito, yo pensé que no te encontraría más y me estaba doliendo el alma del pesar".

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