12 de 30 (2021) - Luna Roja

En 2016, me encontré por primera vez con el libro "Luna Roja" en el sur de Chile, en una ecoaldea llamada "El Manzano". Lo leí sin estar segura de si lo entendía o no, pero me llamaba mucho la atención tener entre mis manos un libro que abordara cómo me siento con respecto al cambio cíclico de la luna.

Para mí, no era un tema nuevo. Mi abuela se guiaba mucho por la luna para las actividades agrícolas, la crianza de animales domésticos y hasta para cortar el cabello de sus hijas. Me enfoqué en comprender los arquetipos que rodeaban a cada una de las fases de la luna, algo que sentía cercano gracias a mi abuela pero, al mismo tiempo, lejano porque no sentía más que curiosidad sobre lo que planteaba el libro. ¿Conexión? Ninguna en absoluto. Aunque me mantuve consciente de mis ciclos, no lograba comprender lo que la autora del libro, proponía.

Pasaron dos años y volví al sur de Chile, incluso un poco más al sur. Ahora contaba con más recursos y me había comprado el libro, luego de un largo viaje de retorno a Perú, este pasó medio año en manos de Adela,  otro año en Ayacucho con Natalia, y un año más en el cuarto de Mónica. De repente, apareció en la biblioteca de mi casa. Ya habían pasado cinco años desde el primer contacto y el viaje que "Luna Roja" hizo a través de cada amiga mía.

Un buen día, mientras preparaba mis cajas de mi "enésima" mudanza, encontré el libro y le di un par de ojeadas. Con muchos temas ya abordados, de repente leí la primera página y quedé enganchada. "¡Rayos! ¿Por qué no entendí esto antes?" me pregunté. Lo coloqué cerca de mi escritorio de trabajo, listo para leerlo durante mi próximo viaje largo.

Un mes después de este encuentro, subí a un avión con el libro bajo el brazo y la firme convicción de leer el primer capítulo con nuevos ánimos y una perspectiva diferente. Subí con una sonrisa en el rostro y me sumergí en una profunda lectura.

El libro me atrapó con la historia de Eva, una niña que tenía un sueño con la presencia de muchas mujeres místicas y arquetípicas. Me pareció fascinante cómo la autora presentaba a cada mujer y la vinculaba con los ciclos menstruales de las mujeres mes a mes. La historia de una mujer poderosa que guiaba a una niña en el entendimiento de su primera menstruación me cautivó por completo.

No paré de leer este hermoso relato hasta que una voz anunció la llegada al destino y los 34º de temperatura que me esperaban. Hubiera deseado que el viaje fuera más largo porque en ese preciso momento descubrí un gran ¡ajá! al comprender por qué la niña se llamaba Eva, ya que esta fue picada por una serpiente y lo que todo este mundo simbólico representaba.

Seguro tendré la oportunidad de seguirles contando por qué este libro significa tanto para mí y por qué, de repente siento que puedo entenderlo no desde el razonamiento, sino desde el corazón.

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