20 de 30 (2021) - Colibrí en catarata
Al llegar después de dos horas de caminata, sentí el aire con gotitas de agua golpeando mi pequeña existencia frente a una cascada gigante. Por su imponente fuerza, uno quisiera alejarse un poco, pues infunde temor; sin embargo, la emoción era tanta que caminé directo hacia abajo de la catarata. En algunas piedras resbalé, pero mantuve el equilibrio. Estar cerca me permitió disfrutar del poder del agua y su ser imponente. Cuando sentí que mis ganas estaban saciadas y el frío hacía que mi cuerpo temblara de forma involuntaria, corrí y me senté en una piedra donde apenas llegaba el sol.
Intenté permanecer atenta a cada sonido de ese espacio, pero enseguida don Pablo tocó mi hombro y me dijo que era hora de avanzar hacia nuestro refugio, que el camino aún no había terminado. Quedaban 20 días de caminata por delante.
De pronto, me di cuenta de que don Pablo había muerto hace un par de meses. ¿Qué estaba pasando? Empecé a dudar de todo lo que me rodeaba, pero sentía que no podía escapar de ese lugar y que inevitablemente debía seguir a don Pablo, porque no tenía otra opción. Aunque había un camino de retorno, había una fuerza interna que me impedía moverme. Me di cuenta de que tampoco tenía la voluntad de mirar atrás.
Después de caminar un tiempo que no podía medir, decidí que ahora sí podía mirar atrás. Vi muchos paramédicos y rescatistas que buscaban algo en el fondo de la catarata. Le pregunté a don Pablo, esperando una respuesta menos ambigua, pero solo respondió: "Lo sabrás cuando camines los 10 días que aún nos faltan recorrer".
Extrañada, pensé que nos quedaban 20 días. Don Pablo respondió con una carcajada muy fuerte y no dijo más. De repente, me di cuenta de que no podía ver mis pies, ¡ni siquiera estaban ahí! Recordé que mi abuela decía que cuando no puedes ver tus pies, es porque tu alma está empezando a irse de este mundo de forma lenta y serena. Solo pude llorar mientras sentía que mi cuerpo avanzaba automáticamente detrás de don Pablo, sin decir ni una palabra.
Don Pablo se detuvo cerca de la cima de la cascada y me dijo que desde ahí había caído hasta abajo. No sabía por qué. Era algo que tendría que resolver, pero en mi próxima vida, ya que en este mundo el tiempo no pasaba como en el anterior. Habíamos caminado lo que en mi mundo equivale a 20 días. Ese mundo ya no era mío, y tampoco era necesario que regresara allí. Las personas abajo encontrarían mi vieja existencia muy pronto. Seguramente, en esa vida habría gente que esperaría tenerme como parte de sus vidas a partir de entonces.
Don Pablo desapareció de mi vista y poco a poco vinieron imágenes a mi mente. Recordé cómo caí; no quise caer, fue un error tonto, pero allí estaba, sin ver mis pies y sin tener idea de qué forma tenía o en qué me había convertido. De repente, un fuego interno empezó a salir desde lo que podría ser mi pecho, y exploté como una flor de mil colores. Lentamente, me di cuenta de que me había convertido en un colibrí que sobrevolaba la catarata. Volé hacia los árboles, como si fuera algo innato. Me llamaban la atención muchas flores; extraje una sustancia dulce que llenó mi pecho de alegría.
Vi a muchas personas haciendo ruido en el fondo de la cascada. Uno de ellos gritaba cosas que apenas podía entender. Vi que sacaban un cuerpo, pero no pude distinguir los colores. Me acerqué y reconocí que alguna vez estuve allí. Don Pablo se acercó en forma de gavilán y me pidió que despertara.
Todo fue un sueño. Me quedé dormida viendo una catarata.
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