5 de 30 (2021) - Natividad

 Natividad era una mujer alta, con largas trenzas teñidas de blanco, resultado de las experiencias de oscuridad y luz. Su nuera describía su piel como la textura de una rosa: pálida y muy diferente a la de las demás mujeres del pueblo, lo que la hacía fácilmente distinguible. En su juventud, fue acusada constantemente de brujería; quizás su visión del mundo con ojos de libertad hacía que los habitantes de la comunidad la miraran con recelo y desconfianza. Además, sus prolongadas ausencias, mientras su marido Juan se hacía cargo de las niñas y niños de la casa, también contribuían a las sospechas.

Su labor y encanto residían en hilar lana de oveja y dejarla lista para que otras mujeres la pudieran tejer. Las mujeres del pueblo contaban que se marchaba durante semanas a la puna con su rebaño de ovejas, sumergiéndose en la naturaleza y reflexionando sobre quién sabe qué cosas. Se decía que los pastores solían hablar con sus ovejas, cantar y reír de pronto, y cada vez que se encontraban con un animal que quería atacar a una de sus ovejas, lograban evitarlo, convenciéndolo de que estas ovejas tan bien cuidadas aún tenían un propósito por cumplir.

Con su encanto, Natividad seguramente lograba convencer a muchos enemigos en las punas, mientras con empeño trabajaba la lana de oveja, limpiándola y transformándola en un fino y suave hilo. Luego, envolvía este hilo en madejas que entregaba a las mujeres, quienes se encargaban de teñir la lana y comenzar el proceso de tejido. Natividad apreciaba su trabajo y a quienes no lo valoraban, les colocaban sorpresivamente una piedra en el centro de la madeja para aumentar su peso y precio.

En más de una ocasión, fue acusada junto a su prima hermana Felipa de ser brujas, y esto no pasaba desapercibido en el pueblo, donde las discusiones entre ambas eran tema de conversación durante semanas. Natividad solía acusar a Felipa de usar la baba de rana para la brujería, a lo que Felipa respondía que no podía reclamarle eso, ya que Natividad poseía el libro de magia negra.

Las discusiones entre ambas eran interminables, y siempre terminaban en el calabozo municipal, donde los guardianes pedían que, por favor, llegaran a un acuerdo para obtener el favor de las hermosas jóvenes Rodríguez. Natividad siempre salía molesta de esos encuentros, prometiendo no repetir la misma escena. De alguna manera, lograba evitar conflictos con las demás mujeres y hombres del pueblo, quizás por eso encontraba refugio hilando en la puna junto con sus ovejas.

Natividad era mi bisabuela. 




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