13 de 30 (2021) - El clima
Hay una relación intrínseca entre el clima y el ser humano. Sin embargo, cuando ambos extremos se manifiestan, la satisfacción mutua se convierte en un desafío y surge una relación de amor y odio. Parece que todos preferimos el sol con rayos suaves y no tan abrasadores. Aquellos que sudamos abundantemente detestamos tanto la exposición directa al sol. A medida que las horas avanzan, las gotas de sudor se acumulan en nuestros rostros, ya sea en la frente, en la nariz, debajo del labio o en el cuello. Cada individuo emplea distintas estrategias para secar y ocultar el sudor, que se convierte en una parte incómoda y visible de nuestra apariencia.
Muchos expresamos nuestro desagrado por sudar, pero ¿por qué odiar algo que es parte de un proceso natural y biológico? Aceptamos el sudor como algo normal durante la actividad física, pero no en nuestra vida cotidiana. Es aquí donde surge el descontento con el clima excesivamente soleado, no tanto por la deshidratación que pueda causar, sino porque afecta nuestra percepción de lo estético.
Luego llega el frío, para el cual se puede encontrar alivio siempre y cuando contemos con suficientes prendas abrigadas y un eficiente sistema de calefacción. Amamos el frío cuando tenemos estos recursos a nuestro alcance, pero lo odiamos cuando nos paraliza y nos impide realizar nuestras actividades cotidianas. Cuando el cielo se torna gris, como suele ocurrir en Lima, la gente siente que su energía disminuye y todo a su alrededor parece envolverse en una atmósfera gris, no solo en términos de colores, sino también en cuanto a los vínculos interpersonales. En ese momento, odiamos el clima frío y todo lo que implica para la vida urbana y para nuestras relaciones con los demás, ya sean relaciones de soledad o de compañía.
Este grupo de personas rara vez está satisfecho con las condiciones climáticas que les toca vivir y cómo estas influyen en sus relaciones interpersonales y en su bienestar emocional.
No obstante, siempre hay quienes aman el intenso sol que les acompaña durante largas temporadas en la playa o junto a las orillas de un río. Por otro lado, están aquellos que disfrutan acurrucarse en su sofá favorito, leyendo un buen libro o escuchando música, mientras saborean una taza de café o chocolate caliente.
La diversidad de preferencias siempre está presente en nuestra percepción del clima y cómo nos afecta.
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