6 del 30 - (2021) - María

 María entra por el portón de madera, que le da un toque especial a la muralla de tapial colorado que rodea la parte delantera de su casa. Avanza con cuidado, consciente de la pendiente justo en la entrada que podría llevarla directo al pequeño pozo de agua que improvisó para abastecer a sus vacas, caballos u ovejas. Mientras avanza, murmura: "¡Jesús! como no puse más gravilla aquí".

Dirige su mirada a la cocina, situada a su mano derecha. "Le pediré a Mashe que traiga más leña", piensa con preocupación al ver la estructura rústica que contiene leña de eucalipto seca, próxima a ser utilizada en el fogón y necesitada de reemplazo.

Volviendo su atención a su mano izquierda, se detiene y recoge hacia adelante el mandil que lleva puesto, usándolo como un pequeño bolso mientras se adentra en la pequeña huerta. Allí, María ha sembrado plantas aromáticas, cebolla china, ajos, ocasionalmente rocoto, rosas, manzana, carrizos y sobre todo plantas aromáticas. Recoge orégano, culantro y cebolla china.

Al salir de la huerta, una rama con espinas la detiene justo en la puerta. "¡Ay! debo podar esta rosa, cualquier rato hará que zurza mi falda", exclama. Continúa su camino atravesando el patio hacia el horno, dejando a un lado lo que lleva en el regazo y trepando a la parte alta del horno con una expresión de alegría. "Estas gallinas ya han puesto más de una docena de huevos, usaré solo 4", decide, colocando los huevos de tono celeste al costado del primer tesoro recogido.

Luego, arma una especie de bolsita con su mandil y se dirige a otro pequeño espacio, donde sembraba la papa especial que ella llamaba "curaos". Arranca una de las plantas y limpia cuidadosamente las papitas que caen al suelo. Con cuidado, recoge las que quedaron en la tierra y las coloca en su regazo, sonriendo para sí misma. Luego, se seca el sudor de su frente con el sombrero de paño, lo vuelve a colocar y se dirige hacia donde dejó los dos tesoros recogidos.

Contenta, atraviesa nuevamente el patio con un andar sereno, como si tuviera los ingredientes perfectos para una poción mágica. Sus dos perros la acompañan hasta la puerta de la cocina, moviendo la cola. María se detiene y mira hacia el horizonte, que aún está obstaculizado por una planta de shiraj. "Parece que lloverá, guapu guapu", murmura, mientras hace el ademán de soplar al aire y cierra los ojos ligeramente.

Ese día, en la casa de María, se disfrutó de un delicioso caldito de papas.



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