Las emociones de hoy (2021) - 2 de 30
El día amaneció nublado y apenas se podía ver el cerro de enfrente. Alrededor de las 8 de la mañana, unas pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer sin previo aviso. Gradualmente, las gotas se hicieron más grandes y rápidas, golpeando el techo de calamina del espacio donde me encontraba, creando una sensación de protección que envolvía mi existencia. Estaba sentado en una silla plástica marca "Rey", intentando descifrar una fórmula compleja en Excel. El sonido de la lluvia, que generalmente me relaja, parecía entender que la frustración del día estaba empezando a aparecer, intentando calmar mis nervios con su sonido. Cada vez que sentía que no avanzaba más, la lluvia caía con más fuerza, como si intentara romper el espacio que me rodeaba con el único propósito de sumergirme en ella.
Con el paso del tiempo, mi estado de ánimo comenzó a calmarse, igual que la lluvia empezaba a disminuir su intensidad. Las gotas se redujeron a un fino polvo que se posaba sobre los tres árboles de pomarosa en el huerto de la casa.
Aunque el cielo seguía gris y las nubes se resistían a desaparecer, el viento soplaba con fuerza, como si intentara disiparlas para revelar el hermoso contraste entre el verde de las montañas y el azul del cielo que rodeaba la ciudad. Mientras me sumergía en mis labores, imaginaba el paisaje con claridad, sintiendo la emoción de saber que regresaría a este lugar por más tiempo.
Poco a poco, mi emoción encontraba un equilibrio y tanto mi existencia como el espacio que habitaba parecían relajarse. En ese momento, el río apareció en mi mente, recordándome que a veces es necesario dejarse llevar. Es parte de la vida experimentar momentos de ansiedad y preocupación.
Antes, solía pensar que las frases elaboradas y cliché no tenían efecto en mí. Sin embargo, ahora aprecio cómo me ayudan a reconocer y aceptar mis emociones para seguir adelante. Es un recordatorio reconfortante de que siempre hay un paso más por dar.

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