Día 1 de 30 (2021)- morado octubre
Es un hecho que estoy aquí, ya estuve aquí antes, pero esta vez de manera consciente y presente, con un propósito que aún no está completamente claro, pero tiene una dirección definida. Me alegra ver cómo se está manifestando tal como alguna vez lo planeé.
Antes me parecía tan distante poder contar con un espacio que pudiera llamar mío. Mil veces me cuestioné si realmente debía comprar un terreno. ¿Para qué? ¿Solo para sentir seguridad y certeza de tener un lugar donde "caer muerta"? En retrospectiva, en 2015 surgió la curiosidad de saber qué espacio sería el adecuado para mí. Mi trabajo me llevó a recorrer casi todo el país, y en cada región que visitaba, le preguntaba a la tierra que pisaba si era o no el lugar donde quería estar. Recuerdo que Villa Rica fue amor a primera vista, luego pasé una temporada en Rioja y este se convirtió en un nuevo amor a primera vista, después Cusco y finalmente Ayacucho, con la misma sensación de "Aquí es, aquí quiero vivir".
Me detuve un momento porque era imposible vivir con varios primeros amores en mi mente. Ya no quería nada más, solo quería irme, pero no sabía a dónde. Volví a sentir esa sensación de no saber quién soy ni a dónde voy. Peor aún, tenía 30 años y todo lo que creí que era mi camino alternativo a una vida que ya cuestionaba se derrumbaba.
No puedo creer cómo ese pequeño deseo de tener un terreno me había desgastado tanto, y más aún verlo tan fuera de mi alcance me frustraba. "Paciencia, paciencia, las cosas llegan cuando tienen que llegar", me repetía como un mantra para mantener la calma conmigo misma. Aposté todas mis fichas a este sueño, pero cada día sentía que se volvía más inalcanzable. Hace 4 años decidí dejar de insistir y mirar hacia otro lado, con la idea en mente de viajar más lejos y tal vez, al regresar, poder reintegrarme al sistema, aprender a fluir dentro de él y poco a poco juntar recursos para tener mi propio espacio. Entonces llegó la pandemia, todo el mundo en casa y más ahorradores que nunca.
Hace 3 meses, mi amiga Ale, estaba de vacaciones en Moyo y me llamó para decirme que había un espacio hermoso. No lo pensé más y dejé de lado el plan del 2022 porque las cosas llegan cuando tienen que llegar. Ahora entiendo que ese no era el fin, quizás era solo un medio. Aún tengo muchas interrogantes en mi cabeza respecto a lo que viene a continuación. Por momentos, tengo miedo de lo que el futuro traerá, aunque imagino que para otros esto es normal, para mí está siendo algo nuevo. Dejaré que las cosas fluyan y espero que nuevamente mi intuición me guíe.

Comentarios
Publicar un comentario